Diario de un canalla y Burdeos, 1972

Diario de un canalla y Burdeos, 1972

Novela | Penguin Random House, 2013 | 183 págs.

Ambos  textos son fruto de dos grandes aventuras vitales de Mario Levrero, una por amor y otra  por  necesidad . Las dos  tuvieron una considerable influencia sobre su manera de escribir y son una muestra contundente del tono confesional que dominó los últimos años del autor.

Burdeos, 1972 Levrero viajó a Francia por amor. Cuando  ya parecía que se quedaría a vivir allí, empezó a hablar de un cierta angustia recurrente. Un día  mientras leía el periódico en la cocina, notó con pánico que el francés invadía su mente y amenazaba con impedirte pensar en español. Fue entonces  cuando regresó.

Levrero escribió esta nouvelle, inédita , al final de sus días, evocando la temporada pasada en  Francia junto a su pareja de entonces.

Diario de un canalla . En 1985, abrumado por las deudas y la falta de proyectos en Montevideo  Levrero aceptó trasladarse a Buenos Aires y dirigir un par de revistas de crucigramas dentro de una editorial. Cuando descubrió que ya llevaba casi dos años viviendo cómodamente pero sin poder disponer de tiempo para ocuparse de su escritura, reservó las primeras vacaciones para examinar la situación y tomar medidas. El resultado fue Diario de un canalla.

Esta es la primer obra en que  Levrero  desnudó sus sentimientos sin esconderlos detrás del  absurdo o del  humor y significa realmente un quiebre, una conversión,  ya que luego de ella comenzó su escritura con visos autobiográficos.

Fue el mismo Levrero el que se calificó de  “canalla” porque se sentía  rendido ante la materialidad.  Y agregó: “No estoy escribiendo para ningún lector, ni siquiera para leerme yo. Escribo para escribirme yo; es un acto de autoconstrucción. Aquí me estoy recuperando, aquí estoy luchando por rescatar pedazos de mí mismo que han quedado adheridos a mesas de operación, a ciertas mujeres, a ciertas ciudades, a las descascaradas y macilentas paredes de mi apartamento montevideano, que ya no volveré a ver, a ciertos paisajes, a ciertas presencias. Sí, lo voy a hacer. Lo voy a lograr. No me fastidien con el estilo ni con la estructura: esto no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida.”

Diario de un canalla está considerado uno de sus libros mayores y resulta clave para entender la peripecia vital de un autor que mantuvo su particular filosofía de vida hasta las últimas consecuencias. Andrés Ricciardulli,  El Observador

Publicado por:  Castellano mundo:  Penguin Random House