Selva Almada, autora nacida en la Argentina rural, prefiere describir su trabajo muy gráficamente como la caza de arañas en el campo: “Cuando aparece una historia, empiezo a tirar del hilo y veo qué pasa. Así es como se pescan las arañas en el campo: se ata un pedacito de jabón a una piola y se introduce en las cuevas que hacen las arañas en la tierra y se espera hasta sentir que muerde, y después hay que tirar despacito. Me gusta esa imagen para relacionarla con los relatos porque esas arañas que pescábamos así cuando éramos chicos eran horrendas, grandes, peludas. A medida que tirábamos del hilo, sentíamos el horror del misterio, una tensión insoportable…, y eso es escribir, creo”. Entre las arañas que Almada ha pescado está la relación violenta que dos hombres heredan de sus familias en Ladrilleroslos asesinatos de tres adolescentes en Chicas muertas. Almada es una de las voces más potentes de Argentina y, aunque ella es representante de una literatura de violencia verbal, psicológica y física entre seres próximos y ajenos, considera que no es un tema del presente, sino “uno de los grandes temas de todos los tiempos”. “No creo que la literatura deba ser la portavoz de las grandes ideas de sus autores. Ni que deba enseñarnos nada”, afirma por correo electrónico. “Hay toda una literatura de la violencia urbana también, nacida de la pobreza que nos dejaron y nos siguen dejando nuestros Gobiernos liberales”.”

 

Artículo publicado en El País, el 16 de agosto de 2016.